Hace ya mucho tiempo, celebramos el cumpleaños del Manolo en el departamento de la negra. Sus compañeras de departamento se iban a sus respectivas casas los fines de semana, así que con la negra nos la pasábamos carreteando.
Y como la negra con la Deborah eran uña y mugre, celebramos el cumpleaños allí.
Deborah pololeaba con el patán llamado Manolo, citado anteriormente, el cumpleañoro. Nadie lo quería, excepto ella. Y yo todavía no era el “Guaji”, pero sí éramos muy amigos.
El carrete se desarrolló bullicioso y concurrido, como siempre. Habían parientes del Manolo por todas partes, mucha gente muy extraña, y un narcotraficante con su guardaespaldas armado.
O sea, me enteré de esos jugosos detalles después. Todos bebimos demasiado, y como yo era amigo de la dueña de casa me fui a instalar a una cama. Al rato apareció la Deborah y se recostó a mi lado y nos pusimos a conversar. En eso aparece el Manolo y me llama pa contarme un secreto. Allá fui, y me lleva a la otra piesa, que estaba llena de weones hediondos durmiendo hasta debajo de la cama, y me dice “acuéstate por ahí” y se va a acostar con la Deborah al lugar donde yo estaba.
Hijo de p!
Pero no iba a molestarme por eso. Recogí mi parka de esa piesa, que a esas alturas alguien había usado para cubrirse los pies fétidos, me la puse porque hacía frío y salí al living, donde quedaba despierta otra fauna insoportable. Entre ellos estaba el narco, con su guardaespaldas, algunos parientes del Manolo (el narco era pariente del Manolo) y dos locos que nadie sabía qué hacían allí. Me instalé en un sillón y ahí me quedé haciéndome el dormido.
Pero el narco huevió toda la noche a esos dos locos que nadie conocía. El narco estaba durísimo, muy puesto. Y los llamaba constantemente “Tutún y Tatán”, como dupla de payasos en un circo.
Pasó la noche, y apenas amaneció me viré de esa casa de locura. Caminé con el mayor de los fríos, toda providencia hasta llegar donde suelo tomar la micro, y me fui pa mi casa. El lunes siguiente rememoramos con mis amigotes los eventos de la noche, como al guardaespaldas del narco se le había caído la pistola mientras bailaba (una semi automática plateada); y por supuesto Tutún y Tatán.
Me había olvidado de ese capítulo borracho de mi pasado, hasta hoy. De pura curiosidad me metí a ver la bomba sexy de La Cuarta, pasé por las noticias del día, y me encontré con esto:
“DESPACHAN DE UN TIRO EN LA CABEZA A JEFE NARCO EN SAN BECA. SANTIAGO (Agencias).- En su auto, muerto de un tiro en la cabeza, fue encontrado el viernes pasado el cabecillas de una banda de narcotraficantes del sector sur de Ciudad Gótica, el que sólo fue identificado con su apodo de “El Chicho”. Los restos del malogrado delincuente sólo fueron entregados hoy a sus familiares por el Servicio Médico Legal (SML). De acuerdo a la información proporcionada por Carabineros, el hombrón, jefazo de la bandurri, habría sido asesinado por un sujeto que viajaba en el vehículo por razones que se desconocen. Pese a que aún no hay nadie detenido por la muerte de “El Chicho”, Carabineros aseguró que la captura del homicida es inminente”…
El narco de mi historia, y el Chicho, eran la misma persona.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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