Nunca es tarde para ser ñoño.

Cumpleaños del 2003. Cáchate que vieja la foto. En orden descendente de izquerda a derecha: Sebastián Lajara, guitarrista de PanchaJana y mejor amigo desde 1991; Lucía Álvarez, alias Gaby, mi fuchilanga desde agosto de 2003; Isabel Palma, amiga y compañera de universidad; Kailan Chand, amiga que se fue a vivir a la Serena, compañera de universidad, extraño nuestros “carretes” en su casa tomando Escudo y fumando Belmont Light; Yo, con siete kilos menos (ahora estoy pesando 70, igual que cuando volví de EE.UU., pero más distribuidos); Marilyn Poblete, compañera de universidad y de incontables carretes; Verónica Arampe, fue polola del Sebastián en el colegio y había regresado a su vida por esa época. Gracias a eso conocí a la Gaby. De paso dejó algunas cagadas; e Ignacio Lajara, hermano “chico” de Sebastián y baterista de PanchaJana. Va a ser papá pronto el wón. Apenas tiene 19, pero le va ir bien.


GuajaRs bajista de PanchaJana, AKA Pluto, el 3 de enero de 2003 en un lugar que ya no existe, ni me acuerdo del nombre. Ojo la cara, no es tristeza, es pura concentración. En esa época, antes de las escuelas de rock, desconcentrarme significaba la muerte. Era más un problema de inseguridad. Después de las escuelas, bien engrupío con eso de ser una de las bandas “favoritas”, la seguridad se apoderó de mi espíritu y es en ese momento cuando pude saltar, cantar, huevear, sin mirarme las manos pa cachar si estaban donde corresponde.


GuajaRs enamorado. A mi lado la Gaby. Esta foto era un manchón negro, que luego de aplicar mis artes por pura curiosidad, sin siquiera recordar que alguien la había tomado, descubrí esta adorable escena. Estábamos en la precordillera, cagándonos de frío en un asado el 2004, peleando con los bichos gigantes más aterradores de la tierra.


GuajaRs de azul, manipulando la colmena. Gabi al frente, cachando el mote. Y Guajardo padre sapeando sin miedo a las picaduras. Ahí todavía estaban mansas las weonas, más tarde se pusieron gilipollas y una me picó en el hombro sobre la ropa. Me dejó una terrible roncha que me duró casi un mes, con el equivalente dolor. Mi mala cuea, me picó justo en una zona muy sensible a un lado del ganglio, y pa pior la lanceta se quedó ahí, no me di cuenta que estaba aún bajo mi piel hasta que sanó por cansancio.


Gaby de rojo, GuajaRs de azufre, en un bosque pulento en Chillán, metido entre los cerros, camino a una cascada aterradora. Vimos una parvada de colibríes. Aunque suene imposible, era una parvada, más de diez colibries volando de flor en flor, jugando, cantando, pasando a centímetros de nuestras caras. No hay registro visual de ese evento, porque estábamos todos absortos mirando esa maravilla, y porque cuando el fotógrafó se pegó la cachá, no pudo achuntarle a ningún pájaro, eran demasiado rápidos.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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