Nunca me han gustado los años nuevos, debe ser un trauma de cuando era más chico, supongo.

De mis años nuevos sólo recuerdo viejos bailando, tomando, pisoteándome. Nadie con quien jugar, ningún lugar donde estar piola.

Por eso no me gustan los años nuevos. Más de alguna vez me encerré en el baño en el conteo regresivo, porque no quería abrazar a nadie. Esas fiestas coincidían con que tenía a toda la familia metida en la casa. Y al final tenía que salir igual, y dale con los abrazos. Una lata.

Otros años, sólo con mi familia, ha sido bakán. Incluso una vez salí a Bellavista a tomar cerveza en un local a la espera de ver a algún amigo (porque según yo todos iban a estar allí) pero no apareció nadien. Así que me tomé solito el Shop horrendo, medio litro padentro en una hora. El año siguiente fue mejor, porque nos pusimos de acuerdo. A suecia los wones, chupando hasta las 6 de la mañana.

Ése fue el último año que salí a carretear grosso. Porque el año nuevo pasado partí en un viaje de tres horas para encontrarme con mi Gaby, y fuimos a beber a la casa de una amiga de ella. A las cuatro ya estaba raja y lo único que quería era dormir.

Este año no la iré a ver, porque me lo prohibió. La vez pasada sufrió mucho pensando que me había pasado algo.

Pucha…

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