…O síndrome del Yo-Yo.

Todos pasamos por eso. Todos queremos pasar por eso. Que la gente nos pregunte, que se preocupe, que se interese por nuestras vidas.

¿Y cuando nadie pregunta? ¿Cuando parece que nadie se interesa? Ahí se manifiesta el Yo-Yo, sin que nadie me pregunte ya estoy hablando de mis astucias, mis logros y desafíos.

¡Pero si nadie preguntó! No importa, la información queda y cuando alguien pregunte y yo no esté, alguien más sabrá.

Hay gente que se queda pegada, hay gente que quiere aparecer en la tele, hay gente que si no la llaman, si no recibe un email, si nadie se conecta al messenger… se deprime.

También pasé por eso.

He pasado por casi todos los estadios psicológicos/autopoiéticos a los que un ser humano puede ser sometido, salvo aquellos que acaban en la autodestrucción. Todavía no voy a esos.

(AUTOPOIESIS: Capacidad de un sistema para organizarse de tal manera que el único producto resultante es él mismo. No hay separación entre productor y producto. El ser y el hacer de una unidad autopoiética son inseparables y esto constituye su modo específico de organización. Nuestra experiencia está amarrada a nuestra estructura de una forma indisoluble.– Maturana la lleva.)

Mi Yo-Yoísmo se manifestó primero en la literatura, escribiendo cuentos y poemas. Por supuesto que para que alguien los leyera, una persona en particular que nunca supo. Luego se manifestó en la música, ¿quién no quizo ser rockero, rebelde, mucha plata, carrete y sexo? Yo quise. Todavía quiero.

Y ahora se manifiesta acá. Linda la lesera. Con diario de vida el jetón. Cada día más ñoño.



“Lo que nunca he tenido…

Falta no me hace”

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