Ayer con la Gaby presenciamos el más extraño de los eventos: el momento en que dos personas comprometidas le ponían el gorro a sus parejas ausentes.

La historia es la siguiente. Veníamos con mi Fuchilanga de comer mucha comida peruana (una causa limeña para comenzar, luego un ají de gallina ella y yo un tacu-tacu con carne apanada, bebidas y cerveza cuzqueña) sentados en la 710 para la casa de ella porque era tarde y la tenía que dejar en la puerta de su casita, como buen pololo que soy. Detrás nuestro venía una pareja conversando de la vida, dos lolos con pinta de universitarios que recién vienen saliendo de la adolescencia. Ella con traje de dos piezas calipso de prendas distintas pero del mismo color (lo que dice mucho de ella). Él… ni me fijé.

La Gaby tenía sueño y quería dormir en mi hombro, pero la conversada de la pareja nos tenía medio chatos. Hablaban de una extraña fiesta de año nuevo donde mucha gente se quedó con la entrada VIP en la mano sin poder entrar.

En eso comenzaron a tirarse los corridos, que te eché de menos el otro día, que eres mi mejor amigo (y abrazo con carita en el cuello), etc. En el proceso, los dos se pavoneaban de su capacidad para soportar los embistes que da la vida y las dificultades del pololeo.

Ella tenía un pololo que es medio chato y que se iba justo ahora dos meses a la casa de sus papis en punta arenas (o un lugar igual de lejano). Él era un tipo libre que podía hacer lo que quisiera porque su polola no lo hueveaba, y ella hacía lo mismo.

Así iba la cosa cuando él se tuvo que bajar, onda el 14 de Vicuña. Se despidieron de abrazo y beso en la mejilla varias veces, hasta que el último gozó de más roce y paf! mejilla con mejilla, que roce del abios… ya carita te cociste acá me tiro de guata!

El besuqueo fue grosso. Y yo los miraba por el reflejo del vidrio que está detras del asiento del conductor, bien lejos. Con el sonido de los sopapos fue suficiente.

Él se bajó y ella se quedó meditando lo que acababa de hacer. No me vengai con weás cabra gil! Si te gusta el loco desde hace rato! Yo ni los conozco y me di cuenta al vuelo!

Ella se bajó tiempo después en Nonato Coo con no sé qué calle.

Más tarde meditamos con la Gaby el “descaro” de la pareja. En realidad a mí me daba lo mismo que le pusieran el gorro a sus respectivas parejas. Tal vez suene conservador, pero me desagradó el modo, el lugar, el jacrtarse ahí a viva voz. No que lo hiciera, si pa eso todo el mundo tiene llalitas en alguna parte, su tejado de vidrio que le llaman. Pero por lo menos hay algún sentido de la vergüenza implícito, no andar vociferando la infidelidad porque así nadie te va querer jamaz pa algo serio.

Ahora, ellos dos tenían a su favor relaciones insatisfactorias. Mira, el uno para el otro, qué coincidencia.

Pero insisto que no me gustó el modo.

Y eso me hizo pensar, qué pasaría si alguna mujer, una de mis alumnas de la U, o alguna amiga de mi edad, o qué sé yo, se me insinuara de cualquier forma… Primero, ¿Me daría cuenta? y Segundo, ¿Atinaría?

Hay algo en mi vida que rige todos mis actos. La moral.

Epa! Mi moral es MI MORAL, no se la adjudico a nadien, ni credo ni grupo. Y en mi código moral ni cagando me meto con una mina si ya tengo un compromiso adquirido. Aunque el compromiso esté maomenos. Aunque la mina sea rica (y quiero aclarar que soy hombre y mi sistema hormonal/linfático/endocrino/loquesea funciona igual que al del resto de los hombres, el deseo hierve en mi piel siempre… pero no soy weón)

Si igual miro a las minas que caminan por Providencia, hay muchas muy buenas. Pero no me interesan más que para recrear la vista, lo juro. Si tengo a una Fuchi que me quiere, que me adora, y yo la quiero y la adoro, hemos crecido juntos mucho y sí, estoy agarrado.

¿Me gusta mirar otras mujeres? Si son atractivas, sí.

¿Me “metería” con una de ellas si se diera la oportunidad? 99% no (la Gaby insiste en que no debo escupir al cielo, así que nada de 100%)

¿Dejaría a mi polola para iniciar una nueva relación? sólo sí las cosas estuvieran mal, realmente mal entre nosotros.

Podría llamarlo mi código de ética. Todo lo demás son pendejadas.



“Lo que nunca he tenido…

Falta no me hace”

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