Hoy, de pie en el metro mirando Santiago, me pregunté qué pasaría si se inicia un terremoto potente mientras el carro va rajao justo por esa curva rara de la línea 5. MUERTE SEGURA, me dije.

Y casi inmediatamente traté de entender por qué me daba miedo que pudiera ocurrir algo inevitable, algo impredecible. El miedo no es al hecho, sino a su consecuencia, la muerte o el daño físico, el dolor.

Y aproveché de hacer un recuento de mis miedos desde chico.

“La ignorancia es una bendición”, decía Cypher. Y es verdad. Cuando no sabía que hasta el agua de la llave te “podría” matar, tomaba más agua. Y el problema está en el “podría”. Hasta una mota de polvo podría matarte si eres alérgico o si se instala en alguna parte estratégicamente débil de tu organismo. Una infección o cáncer. Podría darte un resfrío y morir de pulmonía. Podrías comer un maní y morir asfixiado.

Hay gente que le teme a la catalepsia, que te den por muerto y te abran si aún estás vivo. Otras temen a las arañas, que de paso están en todas partes, incluso debajo de tu cama en este preciso instante. Yo temía a la muerte y los hechos que la preceden.

¿Pero cómo puedo temer a algo que sé que va a pasar tarde o temprano?

Entonces no temo a la muerte; me caga de miedo pensar que podría morir mañana; que me atropelle un weón rajao que se olvidó de las leyes del tránsito, que el cocinero se haya botado a huelga y envenene la comida, que un pastero persiguagüi crea que llevo suficiente plata pa una dosis y me apiñale en plena calle, o que caminando tranquilamente me caiga algo desde las alturas, de un balcón o de cualquier parte, y me quiebre el mate.

Ni una gracia morirse y quedar con algo inconcluso. Qué lata ser fantasma. Por eso adopté la teoría oriental de liberarme de posesiones y ser libre. Claro que sigo usando mis posesiones, pero si las pierdo o no llego a terminar algo, no me preocuparé (es una modificación de la onda oriental que me sienta muy bien. Es como ser comunista en la sociedad de libre mercado, se es comunista con auto y celular, computador en la casa y tarjeta falabella, “por necesidad” solamente).

Como nada ni nadie dura para siempre, sólo me queda hacer lo que la biología manda: vivir, sobrevivir y dejar huella.

¿Será un Blog algo duradero después que uno muere? ¿Si no escribo nada en meses o años, se borra?

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