Esta tarde fui con mi Gaby al Hoyts San Agustín a ver el documental del Che en moto. Me reí harto, vi algo de Temuco y Valparaíso, incluso se burlaron de algunos chilenismos y eso me causó gracia.

Luego, por la salida Sur, vimos un cartel que invitaba a un suculento sushi con 50% de descuento por inauguración. Claramente partimos, nos instalamos en el segundo piso y ordenamos.

Estábamos sentados al lado de la Carla Constans (¿se escribe así?) y con la Verónica Calabi por otro lado. Puro Jet-Set.

Nos trajeron las bebidas y la gyosa, las comimos con el terrible colmillo, y sería.

A la espera de nuestros 36 rollitos por 6 lukas, conversamos, discutimos, nos abuenamos… y así pasaron 45 minutos.

Entretanto veíamos cómo le servían a todo el mundo, menos a nosotros. Un geek que se sento justo al lado nuestro, el último en llegar, ya estaba comiendo su sushi. Ahí me tosté, llamé a una de las niñas para que nos trajera la cuenta, porque hace mucho rato que habíamos pedido y no pasaba na. Cinco minutos después venía la chica que nos atendió al principio cargada con nuestro pedido.

Obviamente la mandé a la cresta. No suelo hacer esas cosas, usualmente me quedo piola y me como la weá pa callao. Pero esta vez me pareció demasiado, nos habían olvidado y eso, como consumidor, no se perdona.

Ojo que no la traté mal. Le dije “te demoraste mucho. No vamos a comer nada, por favor tráenos la cuenta de lo que hemos consumido solamente”.

La pobre se fue choreá. Mala cuea nomás, alguien se irá a comer esos rolls que se veían tan deliciosos.

Otros cinco minutos y llegó la cuenta, pagué y nos viramos indignados y con la mayor decepción en mucho tiempo, aparte ni te cuento el hambre. Pero nuestro orgullo era más fuerte a esas alturas.

Después me vine pensando que si quizá hubiera tenido el pelo con mechas, ropa más colorida o que no pareciera tan gastada (realmente gastada por tanto uso), tal vez no se hubieran olvidado de nosotros.

El lugar no recuerdo cómo se llamaba, ni me interesa, Con saber que está al frende del hoyts San Agustín debería bastar. Es muy toc, muy cool, muy japonés… pero sabroso, nunca lo sabré.

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