1998, como chiste pego un texto mula en un muro de la universidad, golpeando con la noticia del siglo: “Rafa araneda hará clases en la UNAB”. Obviamente era mentira, y el texto sólo decía sandeces. Pero mucha gente lo leyó, y a pesar de ser una estupidez, harta gente lo creyó.

Entonces nació la idea de Zoonico. En realidad no fue idea mía, sino de Herranz. Pero teníamos el material, nos gustaba inventar historias acerca de nuestras estrellas del chet-set. No éramos tan tolerantes como ahora, no había de qué preocuparse.

Así que luego de una sesión editorial, Herranz ideó el Zoonico, le puso un apellido muy largo e hicimos el primer número.

Gracias a mis virtudes computacionales, logramos unos pagemaker muy cumas y publicamos, es decir, pegamos algunas copias en los muros de la universidad.

Y luego repetimos, una y otra vez. Nos creímos líderes de opinión y comenzamos a molestar a nuestros compañeros. Sufrimos represalias con otra publicación de varias hojas, denostando nuestro trabajo y esfuerzo. Pero perseveramos.

Publicamos varios números, veintialgo, no recuerdo. Y con el pasar de los meses me fu haciendo cargo más y más de la creación, diagramación y redacción.

Era gratificante ver a mis compañeros, algunos que ni conocía, pararse junto al muro a leer lo que había escrito y reírse a carcajadas. Obvio, escribíamos puras webadas.

Luego se acabó el Zoonico. Comencé a trabajar tiempo completo por un octavo de la paga en DiarioPyme, y me alcanzó para ahorrar algo (aún pagaba escolar en la micro) y comprar el dominio Zoonico.cl y un hosting económico anual.

Hasta el momento no he hecho nada de valor con el Zoonico. Intenté transformarlo en mi centro de operaciones. Intenté muchas cosas… y ninguna ha dado verdadero resultado. A lo más tengo dos sitios alojados que pueden verse en el Home, uno acerca de la enfermedad de Chagas y otro dedicado al fenómeno Ovni en Chile.

Me sirve para experimentar, probar nuevas técnicas de diseño y programación, etc.

Pronto me verán salir con un pastelito decente.

Anuncios