Allá por el 97 se creó en la UNAB una revista soñadora, la “Ácido Naranja”. Hubo otros nombres más apocalípticos, más rockandpoperos, pero ése quedó y fue bonito.

Éramos el flamante primer año de periodismo, cuál de todos más raro. Gente de todas partes de Santiago, incluso de otras regiones. Y yo metido en el medio.

Sacamos tres números de la Ácido NAranja. El primero fue como un río, cada uno publicó lo que quizo, lo vendimos hasta en la micro y regalamos condones.

Para el segundo número intentamos hacer algo parecido, pero fue un fracaso. Algo ocurrió en el proceso, compañeros nuestros de la misma universidad pisoteaban las revistas o les prendían fuego. “¿Qué se creen estos pendejos de primer año, hacer algo que nosotros en uestros cinco años acá no hemos siquiera pensado?”, ésa fue nuestra teoría.

Además la portada era un bodrio, una pileta muy fea que no decía nada. Hasta pensamos en un boicot.

Sacamos un tercer número. Como experimento daba sólo para uno… Incluso tuvimos competencia. Había comenzado la carrera por hacer la publicación más exitosa.

Digo sacamos… yo como pájarito nuevo no hacía nada, sólo veía a estos nuevos amigos mayores que yo hacer cosas muy universitarias. Por supuesto que también quería ser un verdadero universitario, me creí el chorizo de la libertad de expresión. Fueron años hermosos.

Estábamos en pleno proceso de certificación como universidad privada sin autonomía y cualquier decisión que tomaban las cúpulas de la facultad nos parecían un claro indicio de negligencia en este punto particular (una “no conformidad”). Un año nos cambiaron a todos los profes, viejos buenos, por otros que no conocía nadie, adherentes de la doctrina de la cúpula. Otro año se pitearon a casi toda la planta administrativa. Intentaron modificar la malla y hacerla retroactiva. Se notaba la cultura autoritaria. Te creo en otras universidades que no mencionaré, pero la UNAB se suponía abierta a todas las ideas. “La universidad privada que no te priva de nada” dijo su eslogan alguna vez.

Suena re comunacho, y fueros años difíciles. Nos mandamos un paro potente, y luego hubo otros que sólo se prestaron para tomateras.

Y yo ahí mirando. No cachaba nada.

Entre medio los “Ácido Naranja” nos convertimos en “incendiarios”, andábamos publicando información sensible, publica por supuesto, pero muy sensible, respecto de las decisiones que se tomaban en la universidad. La pegábamos en los paneles, la repartíamos en los pasillos. Y había gente que se enojaba porque ejercíamos nuestro derecho civilizadamente.

Hay otros giles que ejercen el derecho pero andan atropeyando y no saben de negativas, todo les parece una confabulación. Nosotros a puro panfleto, el que no lo quería leer, lo botaba. Punto.

Luego del tercer número del “Ácido” nos aburrimos. En el primero nadie editó. En el segundo había un “consejo editorial” de una decena de personas!!! y nunca hubo línea editorial real. Y para el tercer número se hizo una dictadura, se publicó principalmente lo que se sabía hasta el momento de los problemas de nuestra universidad. La cosa quedó ahí, era un parto juntar la plata, ni hablar de la distribución. Nadie compraba el mamotreto.

Fueron años interesantes. Tal vez no fue como pudo serlo en los años 60 y 70, pero fueron días sabrosos.

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