¡quéchucha!

No voy a escribir del bloqueo de escritor, que traigo a cuestas desde principios de 2012. Eso es para aburrir a cualquiera.

Este fin de semana leí unos artículos de Emilio Araya acerca de la crisis de la literatura fantástica chilena. El primero va al hueso del asunto y parece que unos lectores/autores con problemas de comprensión de lectura no se dieron cuenta que habla solo de la literatura “fantástica” en particular, excluyendo la ciencia ficción y otras variantes que no caben en este párrafo. Y como no lo dijo específicamente, tuvo que publicar otro post con un extenso pie de página.

Me hubiera gustado ver los comentarios y derrapes directamente en el blog, que además dan autoridad al dominio Web… pero eso es SEO y no tiene nada que ver con este artículo. De verdad me parece un ejercicio interesante el hacer un llamado de atención a tod@s quienes les calce el zapato y leer también cómo se defienden y atacan y lloran porque les hacen bulling cibernético, cuando en realidad nadie está hablando de ellos. Si Emilio tiene guardados esos comment en un documento secreto, pago un café con torta por leer.

Me quedo con la conclusión de esos dos artículos, que dice “creo que la verdadera crisis podría definirse como nuestra incapacidad para sentarnos a articular propuestas personales”. Lean los artículos completos para entender bien el trasfondo del asunto. Y me quedo con esa frase porque es la que me llevó a hacer una pregunta importante que no había formulado, o sea, digamos… NUNCA, y es ésta: ¿Tengo una propuesta personal?

Tengo historias que contar, muchas, demasiadas, ordenadas desde las que me quitan el sueño completamente a las que menos. Tengo estructuras bien definidas de cómo las quiero contar, incluso me doy el trabajo (y con gusto) de explicarlo en un blog con podcast. Tengo sueños onanistas en los que me veo presentando libros que todavía no escribo (y supongo que eso es normal, ne?). Pero no sé, no estoy seguro, no puedo asegurar ni describir cuál es mi “propuesta personal”, incluida en esas novelas que quiero escribir, y que podría estar incluida también en las novelas y cuentos que ya escribí.

Esto de verdad que me dejó en estado de crisis paradigmática. Llevo un buen rato dándole vueltas al asunto y no creo que tenga una respuesta dentro de la próxima hora, día(s).

¡CTM!

Ya pasaron tres años desde que salió de imprenta la primera (y única) edición de Psique, novela escrita por Sergio A. Amira y Daniel Guajardo, pero firmada con el heterónimo de Carolina Lehman. Todavía hay algunas copias de la novela dando vueltas, por si alguien se tienta.

Tuvimos un éxito modesto que duró el equivalente a lo que invertimos en tiempo y dinero para promocionar la obra, más tiempo que dinero hay que decirlo, y nos quedamos satisfechos porque “no nos fue mal” de entrada. Una crítica positiva publicada en un diario, un par de notas en la prensa, tres presentaciones con público de verdad! (La Serena, Santiago y Valparaíso) y todo el poder de nuestras redes de apoyo, familia y amigos. No fue poco.

Pero estuvimos a un pelo de cometer un error grave… Siempre he sabido que tomar prestada una imagen para usarla con propósitos comerciales es un tremendo error, porque esa imagen seguramente tiene derechos de autor protegidos. Todo lo que se publica en Internet, excepto aquellas creaciones que dicen expresamente “úsame sin pagar”, están sujetas a las leyes internacionales que protegen el derecho de autor. Por lo mismo, si ves una imagen que te gusta y la quieres usar en la portada de tu libro, no importa que no diga en ninguna parte que tiene copyright. Si no dice que NO lo tiene, entonces SÍ lo tiene.

Ayer me enteré que alguien usó esta imagen para confeccionar, vía photoshopeo, esta portada de libro. Hasta que la autora y dueña de los derechos sobre la imagen original se enteró. Y me acordé del impase con la portada de PSIQUE que no fue. Me gustaba esa portada, de verdad no había ninguna obra fantástica que tuviera ese tipo de trabajo y estoy seguro que la portada por sí sola nos habría dado más satisfacciones.

La editorial contactó un artista, se le comisionó hacer esa portada y para ello, Sergio le dio instrucciones bien precisas de cómo debía ser. Para ejemplificar, envió estas imágenes indicando tal postura, tal expresión del rostro, este tatuaje, un muñeco como éste.

Esta posturaesta expresióneste tatuajeun muñeco como estey un fondo sugerente

Todo bien hasta aquí. El artista envió este boceto photoshopeado.

el dibujo fotoshopeado

Se le dio visto bueno, y acto seguido el artista, en vez de hacer lo que se le había solicitado (una pieza de arte “inspirada” en los ejemplos y NO calcada desde ellos), procedió a photoshopear lo que había armado.

trabajo final

Yo estaba feliz. La mejor portada del mundo. Pero no sabía que el artista había hecho un collage en vez de dibujar él mismo la pieza. Yo la quería de todas maneras, pero menos mal que no me hicieron caso. La imagen final es un mega plagio, ni idea de dónde sacó el auto en llamas pero capaz que también sea de una obra “inspirada”.

Sergio, para efectos de comprender “cómo se hizo”, armó este tinglado usando los mismos recortes:

primer boceto

Superamos el problema, armamos una nueva portada con el pseudónimo conjunto que teníamos en primera instancia (de hecho no había otro). Se contrató una chica le compramos las imágenes que al final se usaron en la portada del libro.

Portada intermedia

Luego se nos ocurrió lo del heterónimo, pero eso ya es otra historia.

Portada intermedia

Este 2012 pasaron muchas cosas, pero ninguna se compara con Amanda Luna.

Tenía 12 semanas y ya saltaba este pirigüín

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Una hora de nacida

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Amanda-Luna

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